Estoy aprendiendo a ajustarme a ti.
Antes te veía de una forma diminuta
Con los pies sucios, las manos abiertas, la ropa rota; incluso la suciedad contigo era limpia.
Te recogí de mis vacíos,
Atravesando el pasado y el pretérito imperfecto de ser
Mi emergencia de volverte a tener la encuentro en mis ojeras.
Me pregunto si te gustan las flores, quisiera adornarte con ellas para que mueran contigo:
O te enseñen a vivir con la idea de una cordura en crisis, a no cargar el afán de vivir. Solo caminar con la muerte a tiempo
Siempre te he odiado
Me dejabas esperándote en las noches de lluvia,
sin cerveza y con botellas vacías que sabían a tus recuerdos.
La última vez te vi de la mano con el amor, no quise interrumpir; te veías tan feliz. Nada importaba, incluso verte desengrada porque te habías desnudado parecía indiferente para ti.
Ahora te miro
Nunca te he conocido
Muchos rumoran que ninguna tinta de lapiceros o cualquier estupidez que se complemente con papel, paredes o piel logra describirte.
Las crayolas apenas te tocan los rincones descoloridos de tus piernas.
A ti te gustan que te pinten con sudor, mordiscos, besos en las costillas, aruñetazos en las clavículas, los residuos del mejor polvo.
Han pasado veinte años para conocerte
Apenas te quiero, pero siempre has vivido conmigo.
Te quedas callada, pero en menguante gritas por toda la casa, quieres un café con mi ternura y una pelea con mi ego. A las cuatro de la tarde duermes. Pareces un gato tranquilo y sereno en la cama, sin penas en tus pesadillas; aunque la verdadera pesadilla es despertarse. Apenas te conozco, sólo se tu nombre.
Te pareces tanto a mi, odio admitirlo; pero eres el defecto de mis decisiones, la última carta que nunca quiero apostar.
Soy yo
Escribiéndole a mi olvidado ser.